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EL QUE BUSCA, ENCUENTRA- CRÍTICA

Una comedia de enredos y confusiones que cumple con su objetivo principal: la risa, «El que Busca, Encuentra» logra divertir al público, pero donde falla es en su texto y algunos personajes que caen en estereotipos muy marcados, con algunos chistes que se sienten previsibles y repetitivos, apelando a fórmulas ya conocidas que, aunque funcionan por momentos, terminan restándole frescura a la propuesta.


«El que Busca, Encuentra» (La Bonne Adresse) de Marc Camoletti no es uno de sus textos más sólidos. Un texto que encuentra su humor a partir de chistes basados en estereotipos, el doble sentido, metiéndose con el físico de sus personajes y recurriendo a recursos que hoy se sienten algo desgastados; sin embargo, en escena tiene margen para reinventarse, y con decisiones de dirección y actuaciones más afinadas puede encontrar nuevas capas de comedia que trasciendan esos lugares comunes y potencien mejor el ritmo y la frescura del enredo.

Desde la dramaturgia, la obra se apoya principalmente en un humor de estereotipo, donde rasgos como el físico o la orientación de los personajes se convierten en el centro del chiste. En el caso de Milo, su sexualidad no se integra como una característica más de su identidad, sino que se lleva hacia lo caricaturesco mediante comentarios y situaciones que la utilizan como recurso cómico. Si bien esto puede generar risa inmediata, también limita la construcción del personaje y reduce la posibilidad de un humor más orgánico y elaborado. O como los personajes de Bernardo y Oscar, que aprovechan su físico en ciertas ocasiones para construir gags puntuales, funcionando desde lo inmediato, pero sin aportar mayor profundidad al desarrollo de la comedia.

La dirección de Mauricio Astorga comprende eficazmente el ritmo y la lógica de la comedia de enredos de Marc Camoletti, apoyándose en un elenco que maneja con precisión lo cómico y los remates, lo que permite que el humor fluya con naturalidad; sin embargo, el montaje no logra del todo jugar con la repetitividad estructural del texto —especialmente en los encuentros de Lili—, lo que provoca ciertos bajonazos rítmicos y una sensación de redundancia en la progresión del enredo. Aun así, el uso del espacio escénico es claro y funcional, la construcción de personajes parte de intenciones bien definidas (aunque algunos caigan en estereotipos propios del texto) y el humor físico está bien integrado y justificado, logrando un equilibrio con la comedia verbal.

La acción transcurre en una casa donde conviven varias mujeres que, impulsadas por distintas necesidades personales y económicas, deciden publicar anuncios clasificados: Irene busca un modelo para completar un cuadro inspirado en Espartaco, Sonia intenta conseguir alumnos de piano, Lili planea alquilar la casa y Berta desea encontrar una pareja; sin embargo, todas utilizan la misma sigla: P.P.S. con significados distintos, lo que provoca que quienes responden a los avisos lleguen con intenciones diferentes a las esperadas, generando una sucesión de encuentros cruzados que alteran el orden del hogar y desencadenan una serie de situaciones cada vez más complejas entre los personajes.

El montaje cuenta con un elenco que demuestra gran soltura tanto en la comedia física como en la verbal; en esta última, Guadalupe Apú, como Berta, se lleva buena parte de los aciertos al construir el personaje desde una combinación muy efectiva de inocencia y picardía, lo que le permite sostener los chistes con naturalidad y convertirlos en motores del ritmo escénico; y en el caso de la física, Telémaco Camaleón, como Espartaco es una joya al aprovechar sus habilidades corporales no solo para generar humor, sino para construir un personaje expresivo, preciso y completamente integrado al juego escénico, elevando así el impacto de las situaciones más absurdas.

Las mujeres que comparten la casa —Irene, Lili y Sonia— aportan un sello distintivo a sus personajes; Rebeca Alemán, como Irene, construye una presencia sólida desde la seriedad, lo cual funciona como contraste dentro del enredo, aunque podría potenciar aún más la comicidad si se permite jugar un poco más con las situaciones sin perder la lógica del personaje, considerando que su rigidez también puede convertirse en un recurso cómico; Marcela Ugalde, como Lili, mezcla lo histriónico con la contención propia de su condición de diva, lo que le permite capitalizar los enredos desde una presencia escénica segura y consciente del tono; y María Antillón, como Sonia, construye un balance entre lo explosivo y la serenidad que le permite transitar con facilidad entre la frustración y el absurdo, aportando dinamismo a sus escenas y completando un trío femenino bien articulado dentro de la propuesta.

Escenográficamente, Marlon Araya y Christian Fuentes proponen un espacio funcional que favorece la fluidez del enredo, aunque se mantiene en una zona segura en cuanto a color y composición, sin explotar del todo su potencial estético ni dialogar plenamente con el tono de la comedia; considerando las profesiones de los personajes —cantante, pintora y música—, podría enriquecerse con elementos más expresivos propios de cada disciplina. Por su parte, el vestuario de Ethel Cascante construye identidades claras y coherentes, especialmente en los personajes femeninos, donde la diferenciación de siluetas, paletas y estilos permite reconocer con facilidad el rol y la energía de cada una dentro de la dinámica escénica.

«El que Busca, Encuentra» se presenta viernes y sábados a las 8:00 p.m. y domingos a las 5:00 p.m. en el Teatro Lucho Barahona.

1 comentario


Invitado
23 abr

Gracias por tomarse el tiempo para visitarnos y darnos su apreciación!

Siempre es muy lindo verlo en cada estreno! Un abrazo grande!

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