EL RITUAL DE SER HUMANOS - CRÍTICA
- Daniel Morales Lopez
- 6 jun
- 4 min de lectura
En manos de Delgado, la historia de Vidal se convierte en un relato que pasa por algunas de sus vivencias y pierde lo interpretativo y vulnerable de lo que está contando en «El Ritual de Ser Humanos», un monólogo que pretende reflexionar sobre la memoria, la identidad y la humanidad, con un texto que sí expone estas intenciones, pero con una interpretación e rara vez logra profundizar en ellas o transmitir el peso emocional que requieren.
Cuando varias áreas de un montaje recaen en una misma persona, el reto de equilibrarlas todas suele ser mayor, y «El Ritual de Ser Humanos» evidencia algunos de esos desafíos. Taylor Delgado destaca en el diseño de iluminación y en un texto que, aunque aún podría profundizar más en sus reflexiones, logra conducir al público por la historia de Vidal. Sin embargo, la interpretación encuentra su principal oportunidad de crecimiento, manteniéndose en un registro emocional limitado que transita principalmente entre la alegría y la melancolía, sin explorar con mayor amplitud las distintas capas del personaje.

Vidal, un reconocido pintor de 33 años que, en la soledad de un espacio casi vacío, emprende un viaje íntimo a través de los recuerdos contenidos en una sencilla caja de cartón. Cada objeto que encuentra —desde un reloj heredado hasta una carta familiar o un juguete de infancia— se convierte en el punto de partida para reflexionar sobre temas universales como el paso del tiempo, la memoria, la comunicación y los vínculos afectivos. A medida que avanza el relato, la obra confronta al espectador con las contradicciones de una sociedad dominada por la inmediatez, cuestionando qué aspectos de nuestra humanidad hemos dejado atrás en el camino.

La obra busca generar una reflexión acerca de las redes sociales y su impacto en la vida contemporánea; sin embargo, el planteamiento no alcanza la profundidad necesaria para provocar un cuestionamiento significativo en el público. Desarrollar con mayor detalle las consecuencias humanas y emocionales de esta temática fortalecería el discurso y haría más efectiva la intención reflexiva de la propuesta.
En varios momentos, la interpretación parece mantenerse demasiado apegada al texto, sin encontrar siempre el grado de intensidad o profundidad emocional que este requiere. Aunque las palabras contienen ideas interesantes, sería valioso explorar con mayor libertad los matices interpretativos para que el contenido trascienda la mera narración y conecte de forma más directa con el espectador.

Cuando el personaje revela la caja con objetos significativos de su vida, el texto sugiere una fuerte carga emocional. No obstante, la manera en que se trasladan a escena estos recuerdos resulta demasiado neutral, como si se estuviera enumerando información más que reviviendo experiencias. Una mayor conexión emocional con cada objeto ayudaría a que esos recuerdos adquirieran peso dramático y permitieran comprender mejor la relación afectiva del personaje con su pasado.
El momento en que Vidal responsabiliza a Victoria por atormentarlo encuentra finalmente una emoción clara y sostenida dentro de la interpretación. Más allá de funcionar como un reclamo, la escena logra asentarse en un estado emocional concreto, permitiendo que el conflicto se vuelva más cercano. Profundizar aún más en esa vulnerabilidad podría convertir este pasaje en uno de los puntos más potentes del montaje.

Cuando Vidal expresa su deseo de salir a la calle y se siente abrumado por el entorno social, la obra consigue acercarse a una dimensión más íntima y personal. Este momento permite vislumbrar con mayor claridad la fragilidad del personaje y genera una conexión más genuina con el público. Potenciar esta línea introspectiva podría aportar una profundidad emocional que en otros pasajes del montaje se echa en falta.

Uno de los aspectos más interesantes del texto es que no limita su reflexión a las conexiones digitales, sino que también aborda la manera en que las relaciones humanas se han transformado y, en ciertos casos, debilitado. Esta ampliación temática aporta una mirada más universal sobre la condición humana y abre posibilidades para desarrollar un discurso aún más profundo sobre la búsqueda de conexión en el mundo actual.

El diseño de iluminación destaca como uno de los elementos más sólidos de la propuesta. Su trabajo contribuye a crear una atmósfera íntima que acompaña adecuadamente el viaje emocional del personaje y favorece la sensación de vulnerabilidad que la obra busca transmitir. Es un recurso que enriquece la puesta en escena y ayuda a sostener la atención del público a lo largo del monólogo.

«El Ritual de Ser Humanos» presenta una premisa relevante y necesaria al reflexionar sobre la memoria, la identidad y las formas en que nos relacionamos en la era digital. La propuesta encuentra sus mayores fortalezas en el diseño de iluminación y en un texto que plantea ideas interesantes sobre la condición humana contemporánea. Sin embargo, la puesta en escena aún tiene espacio para profundizar en la construcción emocional de Vidal y en el desarrollo de los temas que aborda, permitiendo que las reflexiones alcancen una mayor resonancia en el espectador. Con un trabajo más enfocado en la vulnerabilidad interpretativa y en la exploración de los conflictos internos del personaje, el montaje podría potenciar significativamente el impacto de su discurso y la conexión que busca establecer con el público.

«El Ritual de Ser Humanos» no se encuentra actualmente en cartelera.




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