FÁBULAS PARA SER FELICES - CRÍTICA
- Daniel Morales Lopez
- 14 jul
- 3 min de lectura
Dos niñas a punto de realizar su examen sobre las fábulas caen por un mágico portal en un teatro para aprender sobre ellas en «Fábulas para Ser Felices», una obra familiar con Katherine Marchena y Montserrat Flores que encuentra en la simpleza la manera de acercar estos relatos al público más pequeño, recordando que detrás de cada historia fantástica existe una enseñanza sobre la empatía, la convivencia y la forma en que enfrentamos los desafíos de la vida.
Esopo es nuestro principal referente cuando de fábulas se habla, y es precisamente este autor a quien Diego Soto (dramaturgia y dirección) recurre para tomar algunas de sus historias y construir esta propuesta, donde los relatos clásicos se convierten en una herramienta para reflexionar sobre los aprendizajes que permanecen vigentes a través del tiempo. En su dirección, Soto apuesta por una puesta en escena cercana y sencilla, que busca conectar con el público infantil a través del juego, la imaginación y la calidez de sus intérpretes.

Concertina y Torreja son dos seres provenientes de un bosque mágico que, el día de su examen sobre las fábulas, caen inesperadamente en medio de un teatro con la finalidad de aprender más sobre estos relatos, dado que una de ellas no logra comprender su verdadero significado. A través de este viaje, ambas descubrirán que las fábulas no son únicamente historias protagonizadas por animales, sino relatos cargados de enseñanzas sobre la amistad, la empatía y la manera en que enfrentamos las distintas situaciones de la vida.

A través del juego y la interacción con el público, el montaje encuentra sus mayores fortalezas, y con personajes sumamente coloridos sacan la puesta en escena adelante. La primera fábula que nos presentan es «El León y el Ratón» a través de máscaras, un recurso que potencia el carácter fantástico de la propuesta y permite que los intérpretes transformen el espacio escénico en un lugar donde la imaginación tiene un papel fundamental. Las máscaras no solo funcionan como elementos visuales, sino que ayudan a establecer la identidad de los personajes y a crear una conexión inmediata con el público infantil, que reconoce en estos animales humanizados una puerta de entrada al universo de las fábulas. A partir de esta representación, el montaje demuestra su capacidad para convertir relatos conocidos en momentos teatrales dinámicos, donde la sencillez de los recursos se combina con el juego escénico para transmitir sus enseñanzas.

La siguiente fábula que presentan es «La Liebre y la Tortuga», trabajada bajo el mismo lenguaje visual que caracteriza a la propuesta. En esta ocasión, Katherine Marchena interpreta a la liebre y Montserrat Flores a la tortuga, aprovechando el juego corporal, la expresividad y la caracterización para construir personajes llenos de energía y ternura. La puesta mantiene una coherencia estética donde las máscaras, los colores y la transformación de las intérpretes convierten el escenario en un espacio de imaginación y descubrimiento.

La última fábula que presenta el montaje es «Pedro y el lobo», donde la propuesta mantiene el mismo lenguaje visual que ha construido a lo largo de la obra, pero incorpora nuevos elementos que enriquecen la experiencia escénica. A través del juego de las intérpretes y la caracterización de los personajes, la historia conserva esa atmósfera cercana y fantástica; sin embargo, es el diseño de luces el que añade una nueva dimensión al relato, acompañando los distintos momentos emocionales y permitiendo que el público perciba los cambios de tensión, miedo, curiosidad y alegría que atraviesan la narración. De esta manera, la iluminación deja de ser únicamente un elemento decorativo para convertirse en una herramienta narrativa que amplifica las sensaciones y acompaña el viaje de los personajes.

«Fábulas para Ser Felices» demuestra que no son necesarios grandes artificios para construir una experiencia teatral llena de imaginación y significado. A través del juego, la música, las máscaras y la entrega de sus intérpretes, Diego Soto crea un espacio donde las fábulas recuperan su esencia más importante: transmitir aprendizajes que siguen acompañando a las personas con el paso del tiempo. Katherine Marchena y Montserrat Flores sostienen con calidez una propuesta que conecta con el público más joven desde la cercanía y la fantasía, recordando que el teatro familiar también puede emocionar, divertir y dejar una enseñanza que permanece más allá del escenario.

«Fábulas para Ser Felices» no se encuentra actualmente en cartelera.




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