TERMINAL DEL SUEÑO - CRÍTICA
- Daniel Morales Lopez
- hace 16 horas
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Marcia Saborío crea un lugar donde todos pueden vivir el sueño de ser quienes alguna vez desearon ser en «Terminal del Sueño», una obra que reflexiona sobre el poder transformador del arte, la riqueza humana por encima de la material y la fidelidad a los propios ideales; sin embargo, aunque su mensaje conserva vigencia, el texto por momentos se siente algo anclado a otra época y algunos de sus planteamientos resultan menos cercanos a la realidad actual. La puesta encuentra buenos momentos gracias a un elenco sólido en varias escenas , aunque no todas las actuaciones alcanzan el mismo nivel de impacto.
La dramaturgia de Melvin Méndez destaca por la sensibilidad con la que aborda el poder transformador del arte, la solidaridad y la fidelidad a los ideales a través de personajes profundamente humanos. Ahora, su afán por transmitir esas ideas hace que, en varios momentos, los personajes se conviertan más en portavoces del mensaje que en individuos plenamente complejos. Aunque los temas conservan vigencia, el desarrollo de algunos conflictos y la forma en que el texto expone sus reflexiones se perciben hoy algo idealizados y cercanos a una sensibilidad de otra época, restándole fuerza a una dramaturgia que resulta más efectiva cuando confía en la emoción de sus personajes que en la insistencia de su discurso.

La obra reúne tres historias ambientadas en una antigua terminal de buses, un lugar donde el tiempo parece detenerse y donde los personajes se enfrentan a decisiones que marcarán sus vidas. A través de sus encuentros, recuerdos y sueños, la obra explora las ilusiones, los miedos y los sacrificios de personas comunes que buscan un futuro mejor. Cada historia presenta conflictos distintos: una joven debe decidir entre seguir el camino que todos esperan de ella o luchar por sus ideales; una pareja de artistas callejeros ve cambiar su vida cuando cree haber encontrado una fortuna inesperada; y otros personajes descubren que los sueños, el amor y la dignidad tienen un valor mucho mayor que el dinero o el éxito material. Con momentos de humor, ternura y emoción, la obra invita a reflexionar sobre la importancia de mantenerse fiel a los propios principios, valorar a quienes nos acompañan y entender que, a veces, la verdadera riqueza está en las personas y en las decisiones que tomamos.

La obra inicia con «La Joven y el Rey», donde José Arceyuth interpreta a Oldemar, un hombre que encuentra una segunda oportunidad para cumplir su sueño de convertirse en actor. El actor construye un personaje entrañable, aunque la nostalgia y la frustración que arrastra rara vez alcanzan la intensidad emocional que demanda la dramaturgia. Es cuando asume el papel del Rey Lear donde encuentra sus mejores momentos, demostrando una mayor fuerza dramática. A su lado, Ilse Faith da vida a una Coralia carismática y cercana, con un buen manejo de la comedia, aunque su transformación se percibe más como un acto de empatía hacia Oldemar que como un descubrimiento genuino. Juntos sostienen con credibilidad el vínculo central de la historia, aunque sus interpretaciones no siempre logran trascender el texto ni dotarlo de una mayor profundidad emocional.

En «Ciega fortuna», Bárbara Alpízar ofrece una de las interpretaciones más sensibles de la obra al construir una Cecilia cálida, optimista y profundamente humana. Desarrolla la condición de ceguera con naturalidad y consigue transmitir el inmenso cariño que siente por Mario sin caer en excesos emocionales. A su lado, Carlos Rodríguez encuentra un buen recorrido en un personaje que pasa de la ilusión desbordante al desencanto cuando comprende que la fortuna con la que soñó nunca existió. Ambos intérpretes sostienen una relación creíble y emotiva, logrando que el humor y la tristeza convivan de manera orgánica y que el desenlace alcance algunos de los momentos más conmovedores de la puesta.

En «Un pedacito del mundo», Ilse Faith ofrece una interpretación sólida al transmitir con naturalidad el conflicto de Elisa entre el amor y la fidelidad a sus ideales. Frente a ella, Carlos Rodríguez construye un Alberto que, más que un antagonista, representa una visión distinta de la vida, aportando matices a un personaje que podría resultar unidimensional. José Arceyuth, por su parte, dota a Don Severino de una calidez entrañable y aporta oportunos momentos de humor. Juntos, Faith y Rodríguez sostienen una relación marcada por el cariño y el respeto mutuo, haciendo creíble la dolorosa decisión de dos personas que, pese a amarse, comprenden que sus caminos ya no pueden seguir siendo los mismos.

En el apartado escenográfico, Roger Robles nos transporta a una antigua terminal de buses que, más allá de funcionar como un simple espacio de tránsito, transmite una sensación de nostalgia y de tiempo detenido. Los tonos envejecidos, el desgaste de los elementos y la atmósfera que construye dialogan con una obra marcada por los recuerdos, los sueños y las segundas oportunidades. Esta propuesta encuentra un buen complemento en la banda sonora de Rodrigo Oviedo, quien acompaña los distintos momentos emocionales sin restar protagonismo a la acción. Su trabajo destaca especialmente en «Ciega fortuna», donde la música refuerza la ilusión de sus personajes y acompaña con sensibilidad el momento en que sus expectativas se enfrentan a la realidad.

«Terminal del Sueño» encuentra su mayor valor en la humanidad de sus personajes y en la vigencia de una reflexión sobre los sueños, la solidaridad y la importancia de mantenerse fiel a uno mismo. Aunque la dramaturgia por momentos pierde fuerza al subrayar demasiado su mensaje y la puesta no alcanza la misma intensidad en todas sus interpretaciones, el trabajo del elenco, la sensibilidad de sus momentos más emotivos y una escenografía cargada de nostalgia permiten que la obra conserve su capacidad de conectar con el público. Más que una historia sobre alcanzar los sueños, es una invitación a reconocer el valor de quienes nos acompañan en el camino.

«Terminal del Sueño» se presenta del 25 de junio al 12 de julio en Teatro 1887. Jueves, viernes y sábados a las 7:00 p.m. y domingos a las 5:00 p.m.




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