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RIDE THE CYCLONE - CRÍTICA

La muerte suele ser presentada como un final definitivo, pero Ride the Cyclone la utiliza como punto de partida para preguntarse qué es lo que realmente le da valor a una vida. A través de una historia que combina humor, fantasía y emotividad, el musical de Jacob Richmond y Brooke Maxwell explora temas como la identidad, el legado y la necesidad de ser recordados. En esta producción, la variedad de estilos musicales, la construcción de personajes y varias interpretaciones destacadas permiten que la reflexión llegue al público, aunque algunas áreas del montaje aún encuentran espacio para profundizar en sus posibilidades emocionales y visuales.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

La dirección actoral de Esteban Arias comprende la esencia de Ride the Cyclone y consigue que cada personaje posea una identidad claramente diferenciada dentro del montaje. Su trabajo permite que las particularidades de cada integrante del coro se distingan con claridad y que relaciones como las de Ocean y Constance o Jane Doe y Constance se perciban acertadamente; sin embargo, una vez establecidas estas características, la dirección rara vez profundiza en los conflictos internos de los personajes, provocando que varios de sus momentos de vulnerabilidad se queden en la superficie y que el impacto emocional del montaje resulte irregular.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

Cuando seis adolescentes del coro de la Escuela de San Casiano fallecen en un accidente de montaña rusa, quedan atrapados en un limbo dirigido por una peculiar máquina adivina llamada Karnak. Allí reciben una inesperada propuesta: uno de ellos podrá volver a la vida. Mientras intentan demostrar por qué merecen esa segunda oportunidad, afloran rivalidades, amistades, inseguridades y deseos que los obligarán a enfrentarse a quiénes fueron realmente antes de morir.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

Ariana Rodríguez como Ocean O'Connell entiende perfectamente la esencia del personaje y la construye desde la superioridad, el egoísmo y la constante necesidad de sentirse por encima de quienes la rodean. Su What the World Needs refleja con claridad esta soberbia y le permite consolidar una presencia escénica dominante dentro del limbo. Sin embargo, aunque el número inicia con una dicción clara y seguridad vocal, conforme aumentan sus exigencias pierde parte de la solidez mostrada al comienzo, afectando la consistencia general de la interpretación.


Por su parte, Charly Guillén encuentra en Noel Gruber sus matices melancólicos y dramáticos, pero rara vez se permite llevarlos hasta las últimas consecuencias. Si bien Noel's Lament cumple con el carácter sensual y cabaretero que exige el número, la fantasía extravagante y excesiva que define al personaje termina quedándose corta, limitando parte del impacto y la teatralidad que la canción tiene el potencial de alcanzar.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

Steven Campos como Mischa Bachinski construye con claridad la dureza, la firmeza y la fortaleza que definen al personaje; sin embargo, cuando la historia lo conduce hacia su faceta más vulnerable a través de Talia, la interpretación no termina de profundizar en las emociones que el momento requiere, haciendo que el contraste pierda parte de su fuerza. Vocalmente, tanto This Song is Awesome como Talia evidencian una capacidad sólida que le permite afrontar ambos números con seguridad.


Por otro lado, Patricio Alvarado encuentra en Ricky Potts una combinación de picardía, imaginación y un marcado aire geek que sostiene con consistencia durante toda la obra. Su interpretación comprende el universo fantástico del personaje y lo transmite con naturalidad, encontrando en Space Age Bachelor Man uno de los momentos más efectivos para explotar esa faceta.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

Sol Salas encuentra en Jane Doe uno de los personajes más complejos del montaje y aborda The Ballad of Jane Doe desde la frustración y la incertidumbre de no saber quién es, consiguiendo uno de los momentos más memorables de la obra tanto a nivel interpretativo como vocal. No obstante, fuera de este número, la construcción física del personaje no siempre explora con la misma intensidad el misterio, la incomodidad y la extrañeza que lo caracterizan, dejando la sensación de que la propuesta podría arriesgarse más en su corporalidad.


Por su parte, Adana Pacheco construye a Constance Blackwood desde una amabilidad que funciona como refugio para las inseguridades y anhelos que esconde el personaje. Cuando la historia le permite revelar esa vulnerabilidad, consigue conectar emocionalmente con el público y generar algunos de los momentos más genuinos de la obra. Vocalmente, Jawbreaker transmite con claridad el sentir de Constance, pero Sugarcloud expone dificultades en sus momentos más exigentes, donde la interpretación pierde firmeza y precisión, afectando el impacto de uno de los números más importantes del personaje.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

Uno de los puntos fuertes de Ride the Cyclone son las voces y armonías que acompañan sus números musicales. En ese sentido, la dirección vocal de Jack Stoll encuentra varios de sus mayores aciertos en canciones como What the World Needs, Talia, Space Age Bachelor Man y The Ballad of Jane Doe, donde las armonías complementan eficazmente el trabajo de los intérpretes, pero en números como The Uranium Suite, la cohesión vocal no siempre se mantiene con la misma consistencia, provocando que algunas voces se pierdan momentáneamente antes de recuperar el equilibrio que el ensamble demuestra en otras canciones del espectáculo.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

Coreográficamente, Chochi Montero propone un trabajo interesante porque utiliza el movimiento como una herramienta de construcción de personajes. Desde el primer número musical, incluso antes de que los personajes sean presentados formalmente, sus movimientos ya permiten identificar rasgos de sus personalidades o, más precisamente, la imagen que proyectan hacia los demás. Asimismo, en el número de Jane Doe, el uso de sombrillas contribuye a crear una atmósfera de sobriedad, misterio y oscuridad que complementa la naturaleza enigmática del personaje, reforzando visualmente el aislamiento y la incertidumbre que la rodean.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

El equipo creativo encuentra varios aciertos en la construcción del universo del montaje. Roger Robles apuesta por una escenografía abstracta que, sin representar literalmente el limbo, transmite la sensación de un espacio ajeno a la realidad y permite que cada número musical conserve una identidad propia. Por su parte, el diseño de iluminación cumple adecuadamente su función, aunque podría permitirse una exploración más arriesgada de las distintas atmósferas y emociones que propone la obra. Uno de los puntos más destacados del montaje es el diseño de audio, cuya claridad permite comprender las letras y distinguir las distintas líneas vocales incluso en los momentos musicales más complejos. Finalmente, el vestuario contribuye a definir las personalidades de los personajes, aunque en el caso de Noel podría apostar por una propuesta más extravagante y estilizada para acompañar con mayor fuerza la fantasía francesa, sensual y melodramática que caracteriza su número.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

Ride the Cyclone encuentra sus mayores fortalezas en la personalidad de sus personajes, la diversidad de su propuesta musical y la capacidad de convertir cada número en una ventana hacia las inquietudes, sueños y frustraciones de quienes lo interpretan. Sin embargo, aunque el montaje comprende con claridad la esencia de la obra y logra establecer eficazmente los rasgos que distinguen a cada integrante del coro, rara vez profundiza con la misma fuerza en sus conflictos más íntimos, provocando que parte de su carga emocional se quede a medio camino. Aun así, entre momentos vocales destacados, una propuesta visual funcional y una reflexión constante sobre la identidad, la muerte y el legado, la producción consigue que las preguntas que plantea permanezcan más allá del final del espectáculo, recordando que aquello que da sentido a una vida no siempre está en cuánto tiempo dura, sino en las huellas que deja en los demás.

Fotografía: Cristian Rivera
Fotografía: Cristian Rivera

"Ride the Cyclone" no se encuentra actualmente en cartelera.

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