TODO PUEDE EMPEORAR - CRÍTICA
- Daniel Morales Lopez
- 27 jun
- 4 min de lectura
Un mensaje de WhatsApp malinterpretado desencadena una reacción en cadena de confusiones, sospechas y situaciones en «Todo Puede Empeorar», un texto argentino que su elenco enfrenta con acierto a través de personajes coloridos donde la solidez no se encuentra en el texto sino en la capacidad del reparto en mantener el ritmo y el potencial de sus personajes.
Las cosas siempre pueden complicarse aún más es lo que vemos en este estreno de «Todo Puede Empeorar», un cómico texto de Hugo Daniel Marcos no tan sólido porque, aunque acumula una gran cantidad de situaciones, personajes y malentendidos, la historia avanza más por la suma de enredos que por un desarrollo realmente significativo de su conflicto principal; sin embargo, es en la dirección de Mauricio Astorga donde la obra halla su mejor aliado, al mantener un ritmo constante y una energía que permite que el humor fluya con naturalidad incluso en los momentos más caóticos.

Katia y José parecen llevar una vida tranquila hasta que un mensaje malinterpretado hace que ella crea haber descubierto una infidelidad. Convencida de que su pareja mantiene una relación con una misteriosa “muñequita”, Katia cae en la desesperación y encuentra en su amiga Ethel a la principal impulsora de una peculiar venganza. Lo que comienza como un simple malentendido pronto se convierte en una cadena de situaciones cada vez más absurdas. Entre vecinos entrometidos, amistades con problemas propios, visitas inesperadas y un supuesto plan para despertar los celos de José, la casa se transforma en el escenario de un caos que parece no tener fin.

Mientras los personajes intentan ocultar secretos, corregir errores y salir de los problemas que ellos mismos provocan, las confusiones se multiplican y las consecuencias se vuelven cada vez más impredecibles. En esta comedia de enredos, cada intento por arreglar las cosas termina demostrando que, efectivamente, todo puede empeorar.

En el apartado actoral, el elenco encuentra gran parte de la efectividad de la propuesta. María Antillón construye una Josefina llena de color y personalidad, aprovechando su ingenuidad y energía para convertirla en uno de los personajes más simpáticos de la función. Su trabajo vocal y corporal le permite desarrollar una caracterización definida desde su primera aparición, encontrando una comicidad que nace de la naturalidad y el contraste con quienes la rodean.
Marcela Ugalde es una de las grandes fortalezas del montaje. Como Inmaculada, aporta una presencia imponente y una seriedad que termina convirtiéndose en una poderosa herramienta cómica. La actriz comprende muy bien la ironía del personaje y, conforme avanza la historia, encuentra momentos para liberar esa rigidez inicial a través del trabajo físico, generando algunos de los pasajes más efectivos de la obra. Precisamente, sus escenas junto a Antillón destacan por el choque entre la picardía y la inocencia de ambas personalidades, conformando una dupla particularmente divertida.

Zoraya Mañalich se roba varias de las mayores risas del público gracias a una Ethel desfachatada, espontánea y cargada de doble sentido. La actriz entiende perfectamente el tono de la propuesta y explota cada intervención con una comicidad directa que conecta con el público. Sus escenas con Rebecca Alemán resultan especialmente efectiva, pues Lucrecia aporta la inocencia necesaria para complementar el carácter explosivo de Ethel. Junto a Katia forman un trío dinámico cuyas personalidades opuestas potencian gran parte de los momentos más entretenidos del montaje.

Por su parte, Luis Vargas encuentra en Julián un personaje secundario que aporta frescura a través de sus reacciones y espontaneidad, mientras que Magdiel Ramírez, pese a su breve participación como Nico, aprovecha al máximo su única escena para exhibir un efectivo trabajo de comedia física que consigue ganarse rápidamente al público.
Natalia Pereira, encargada de interpretar a Katia, tiene el peso de impulsar gran parte del enredo dramático. Aunque durante buena parte de la obra su interpretación se percibe algo rígida y con un decir del texto que no siempre encuentra la organicidad necesaria para la comedia, la actriz mejora considerablemente en el segundo acto. Cuando el personaje enfrenta las consecuencias de sus acciones, Pereira encuentra matices más sinceros y naturales, construyendo algunos de sus mejores momentos dentro de la función.

En su equipo creativo, «Todo Puede Empeorar» encuentra un acierto en todo sentido: en el caso del vestuario, consigue una personalidad a través del mismo y potencia la comedia del montaje; por ejemplo, en el de Ethel, resulta contrastante por su personalidad y picardía con su vestuario de monja; o en el de Josefina, que resulta bastante colorido y llamativo que en el caso de ella, permite que se enganche también con el público.
La escenografía apuesta por la funcionalidad y permite que la acción se desarrolle con fluidez dentro del espacio doméstico donde transcurre gran parte de la historia. Sin buscar grandes detalles, crea un entorno reconocible que facilita el constante ir y venir de los personajes y sostiene el ritmo de los numerosos enredos que propone la obra.

«Todo Puede Empeorar» encuentra sus mayores virtudes en un elenco comprometido, una dirección que mantiene el ritmo de la comedia y un apartado visual que contribuye a redefinir la identidad de cada personaje. Aunque el texto de Hugo Daniel Marcos se apoya excesivamente en la acumulación de malentendidos y no siempre desarrolla con suficiente profundidad el conflicto principal, la puesta consigue sostener el interés gracias a la energía de sus intérpretes y a una serie de personajes capaces de generar momentos genuinamente divertidos. El resultado es una comedia ligera y entretenida que funciona más por el talento de quienes la llevan al escenario que por la solidez de su escritura, pero que aun así cumple con su propósito de hacer reir y demostrar que, cuando parece que todo está mal, siempre puede empeorar.

«Todo Puede Empeorar» se presenta en el Teatro Lucho Barahona. Viernes y sábados a las 8:00 p.m. y domingos a las 5:00 p.m.




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